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segunda-feira, 4 de abril de 2011

La Comisión de la Verdad y la farsa de la teoría de los dos demonios

Barómetro Internacional

En el Brasil tenemos algunos tabúes en nuestra historia reciente. Uno de ellos se hace evidente en la polémica creada por el alto mando de las Fuerzas Armadas al contraponerse a la creación de la Comisión Nacional de la Verdad , que tiene por objetivo esclarecer la responsabilidades de los crímenes cometidos durante el régimen militar (1964-85), inclusive las violaciones de derechos humanos. La comisión fue propuesta en la tercera versión del Plan Nacional de Derechos Humanos -aún en el Gobierno Lula- en diciembre de 2009. En nuestra opinión, el cuidado en rescatar la memoria de las víctimas de la dictadura es necesario, pero ya surge con retrasos y límites, principalmente porque faltan elementos en el texto propuesto por el gobierno (primero de Lula y ahora con Dilma) que traten del castigo a los verdugos.
El tema es tabú por motivos políticos, una vez que la transición fue el resultado de una “apertura lenta, gradual y restricta”, conforme afirmó el general Ernesto Geisel, cuando asumió la Presidencia de la República. La “transición” brasileña se inicia en 1975, cuando los últimos opositores al régimen son asesinados en São Paulo y recién concluye en 1985, cuando un Colegio Electoral elige (por vía indirecta), al ex-gobernador del estado de Minas Generales, Tancredo Nieves (vieja “raposa” - astuta e ingeniosa- de la política) como presidente, siendo su vicepresidente justamente el ex-presidente del partido de apoyo a la dictadura. Respectivamente, este partido fue ARENA (Alianza Renovadora Nacional, tristemente igual al partido homónimo en El Salvador) después llamado PDS y el político disidente del régimen es el hoy senador y base de apoyo del actual gobierno de centro-izquierda, el político profesional José Sarney.

Volviendo a la crítica de la transición, en defensa de ese juego pacificado y exigiendo que no se abran los cadáveres políticos brasileños, en los últimos años surgieron neologismos políticos. El más famoso de ellos fue la expresión “dictablanda” –dictadura blanda- adoptado por el periódico de mayor circulación nacional, la Folha de São Paulo (www.folha.com.br), asumidamente defensor del golpe de 1° de abril de 1964. En esa ocasión, el periódico cuestionó en su texto editorial el grado de violencia del régimen brasileño, al compararlo a otras dictaduras suramericanas. Sólo para constancia, ese neologismo es como mínimo absurdo, una vez que en el Brasil se batió el triste récord de mayor número de torturados de las dictaduras latino-americanas (pasan de 40 mil).

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Fonte: site Rebelión

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